diciembre 31, 2010

PENSAMIENTOS EN LA HABANA / JOSÉ LEZAMA LIMA


 
PENSAMIENTOS EN LA HABANA

Por José Lezama Lima


Porque habito un susurro como un velamen,
una tierra donde el hielo es una reminiscencia,
el fuego no puede izar un pájaro
y quemarlo en una conversación de estilo calmo.
Aunque ese estilo no me dicte un sollozo
y un brinco tenue me deje vivir malhumorado,
no he de reconocer la inútil marcha
de una máscara flotando donde yo no pueda,
donde yo no pueda transportar el picapedrero o el picaporte
a los museos donde se empapelan asesinatos
mientras los visitadores señalan la ardilla
que con el rabo se ajusta las medias.
Si un estilo anterior sacude el árbol,
decide el sollozo de dos cabellos y exclama:
my soul is not in an ashtray.

Cualquier recuerdo que sea transportado,
recibido como una galantina de los obesos embajadores de antaño,
no nos hará vivir como la silla rota
de la existencia solitaria que anota la marea
y estornuda en otoño.
Y el tamaño de una carcajada,
rota por decir que sus recuerdos están recordados,
y sus estilos los fragmentos de una serpiente
que queremos soldar
sin preocuparnos de la intensidad de sus ojos.
Si alguien nos recuerda que nuestros estilos
están ya recordados;
que por nuestras narices no escogita un aire sutil,
sino que el Eolo de las fuentes elaboradas
por las que decidieron que el ser
habitase en el hombre,
sin que ninguno de nosotros
dejase caer la saliva de una decisión bailable,
aunque presumimos como las demás hombres
que nuestras narices lanzan un aire sutil.
Como sueñan humillarnos,
repitiendo día y noche con el ritmo de la tortuga
que oculta el tiempo en su espaldar:
ustedes no decidieron que el ser habitase en el hombre;
vuestro Dios es la luna
contemplando como una balaustrada
al ser entrando en el hombre.
Como quieren humillarnos, le decimos
the chief of the tribe descended the staircase.

Ellos tienen unas vitrinas y usan unos zapatos.
En esas vitrinas alternan el maniquí con el quebrantahuesos disecado,
y todo lo que ha pasado por la frente del hastío
del búfalo solitario.
Si no miramos las vitrinas charlan
de nuestra insuficiente desnudez que no vale una estatuilla de Nápoles.

Si la atravesamos y no rompemos los cristales,
no subrayan con gracia que nuestro hastío puede quebrar el fuego
y nos hablan del modelo viviente y de la parábola del quebrantahuesos.
Ellos que cargan con sus maniquíes a todos los puertos
y que hunden en sus baúles un chirriar
de vultúridos disecados.
Ellos no quieren saber que trepamos por las raíces húmedas del helecho
-donde hay dos hombres frente a una mesa; a la derecha, la jarra
y el pan acariciado-,
y que aunque mastiquemos su estilo,
we don't choose our shoes in a show-window.

El caballo relincha cuando hay un bulto
que se interpone como un buey de peluche,
que impide que el río le pegue en el costado
y se bese con las espuelas regaladas
por una sonrosada adúltera neoyorquina.
El caballo no relincha de noche;
los cristales que exhala por su nariz,
una escarcha tibia, de papel;
la digestión de las espuelas
después de recorrer sus músculos encristalados
por un sudor de sartén.
El buey de peluche y el caballo
oyen el violín, pero el fruto no cae
reventado en su lomo frotado
con un almíbar que no es nunca el alquitrán.
El caballo resbala por el musgo donde hay una mesa que exhibe las espuelas,
pero la oreja erizada de la bestia no descifra.

La calma con música traspiés
y ebrios caballos de circo enrevesados,
donde la aguja muerde porque no hay un leopardo
y la crecida del acordeón
elabora una malla de tafetán gastado.
Aunque el hombre no salte, suenan
bultos divididos en cada estación indivisible,
porque el violín salta como un ojo.
Las inmóviles jarras remueven un eco cartilaginoso:
el vientre azul del pastor
se muestra en una bandeja de ostiones.
En ese eco del hueso y de la carne, brotan unos bufidos
cubiertos por un disfraz de telaraña,
para el deleite al que se le abre una boca,
como la flauta de bambú elaborada
por los garzones pedigüeños.
Piden una cóncava oscuridad
donde dormir, rajando insensibles
el estilo del vientre de su madre.
Pero mientras afilan un suspiro de telaraña
dentro de una jarra de mano en mano,
el rasguño en la tiorba no descifra.

Indicaba unas molduras
que mi carne prefiere a las almendras.
Unas molduras ricas y agujereadas
por la mano que las envuelve
y le riega los insectos que la han de acompañar.
Y esa espera, esperada en la madera
por su absorción que no detiene al jinete,
mientras no unas máscaras, los hachazos
que no llegan a las molduras,
que no esperan como un hacha, o una máscara,
sino como el hombre que espera en una casa de hojas.
Pero al trazar las grietas de la moldura
y al perejil y al canario haciendo gloria,
l'etranger nous demande le garçon maudit.

El mismo almizclero conocía la entrada,
el hilo de tres secretos
se continuaba hasta llegar a la terraza
sin ver el incendio del palacio grotesco.
¿Una puerta se derrumba porque el ebrio
sin las botas puestas le abandona su sueño?
Un sudor fangoso caía de los fustes
y las columnas se deshacían en un suspiro
que rodaba sus piedras hasta el arroyo.
Las azoteas y las barcazas
resguardan el líquido calmo y el aire escogido;
las azoteas amigas de los trompos
y las barcazas que anclan en un monte truncado,
ruedan confundidas por una galantería disecada que sorprende
a la hilandería y al reverso del ojo enmascarados tiritando juntos.

Pensar que unos ballesteros
disparan a una urna cineraria
y que de la urna saltan
unos pálidos cantando,
porque nuestros recuerdos están ya recordados
y rumiamos con una dignidad muy atolondrada
unas molduras salidas de la siesta picoteada del cazador.
Para saber si la canción es nuestra o de la noche,
quieren darnos un hacha elaborada en las fuentes de Eolo.
Quieren que saltemos de esa urna
y quieren también vernos desnudos.
Quieren que esa muerte que nos han regalado
sea la fuente de nuestro nacimiento,
y que nuestro oscuro tejer y deshacerse
esté recordado por el hilo de la pretendida.
Sabemos que el canario y el perejil hacen gloria
y que la primera flauta se hizo de una rama robada.

Nos recorremos
y ya detenidos señalamos la urna y a las palomas
grabadas en el aire escogido.
Nos recorremos
y la nueva sorpresa nos da los amigos
y el nacimiento de una dialéctica:
mientras dos diedros giran mordisqueándose,
el agua paseando por los canales de los huesos
lleva nuestro cuerpo hacia el flujo calmoso
de la tierra que no está navegada,
donde un alga despierta digiere incansablemente a un pájaro dormido.
Nos da los amigos que una luz redescubre
y la plaza donde conversan sin ser despertados.
De aquella urna maliciosamente donada,
saltaban parejas, contrastes y la fiebre
injertada en los cuerpos de imán
del paje loco sutilizando el suplicio lamido.
Mi vergüenza, los cuernos de imán untados de luna fría,
pero el desprecio paría una cifra
y ya sin conciencia columpiaba una rama.
Pero después de ofrecer sus respetos,
cuando bicéfalos, mañosos correctos
golpean con martillos algosos el androide tenorino,
el jefe de la tribu descendió la escalinata.

Los abalorios que nos han regalado
han fortalecido nuestra propia miseria,
pero como nos sabemos desnudos
el ser se posará en nuestros pasos cruzados.
Y mientras nos pintarrajeaban
para que saltásemos de la urna cineraria,
sabíamos que como siempre el viento rizaba las aguas
y unos pasos seguían con fruición nuestra propia miseria.
Los pasos huían con las primeras preguntas del sueño.
Pero el perro mordido por luz y por sombra,
por rabo y cabeza;
de luz tenebrosa que no logra grabarlo
y de sombra apestosa; la luz no lo afina
ni lo nutre la sombra; y así muerde
la luz y el fruto, la madera y la sombra,
la mansión y el hijo, rompiendo el zumbido
cuando los pasos se alejan y él toca en el pórtico.
Pobre río bobo que no encuentra salida,
ni las puertas y hojas hinchando su música.
Escogió, doble contra sencillo, los terrones malditos,
pero yo no escojo mis zapatos en una vitrina.

Al perderse el contorno en la hoja
el gusano revisaba oliscón su vieja morada;
al morder las aguas llegadas al río definido,
el colibrí tocaba las viejas molduras.
El violín de hielo amortajado en la reminiscencia.
El pájaro mosca destrenza una música y ata una música.
Nuestros bosques no obligan el hombre a perderse,
el bosque es para nosotros una serafina en la reminiscencia.
Cada hombre desnudo que viene por el río,
en la corriente o el huevo hialino,
nada en el aire si suspende el aliento
y extiende indefinidamente las piernas.
La boca de la carne de nuestras maderas
quema las gotas rizadas.
El aire escogido es como un hacha
para la carne de nuestras maderas,
y el colibrí las traspasa.
Mi espalda se irrita surcada por las orugas
que mastican un mimbre trocado en pez centurión,
pero yo continúo trabajando la madera,
como una uña despierta,
como una serafina que ata y destrenza en la reminiscencia.
El bosque soplado
desprende el colibrí del instante
y las viejas molduras.
Nuestra madera es un buey de peluche;
el estado ciudad es hoy el estado y un bosque pequeño.
El huésped sopla el caballo y las lluvias también.
El caballo pasa su belfo y su cola por la serafina del bosque;
el hombre desnudo entona su propia miseria,
el pájaro mosca lo mancha y traspasa.
Mi alma no está en un cenicero.


diciembre 23, 2010

OH ESTRUENDO MUDO: ¡ODUMODNEURTSE! / Armando Arteaga

A.A. en el claustro antiguo de la Universidad de Trujillo donde estudió César Vallejo.

*
La esfera terrestre del amor
Armando Arteaga, autor de esta Ponencia, en la Pza. de Armas de Trujillo, 1972.

*

OH ESTRUENDO MUDO:  ¡ODUMODNEURTSE!

Por Armando Arteaga.

Muchas veces en algunos de mis profanos viajes de  mi peregrina vida: "Rumbé sin novedad por la veteada calle que yo me sé". La verdad, no sé que extraña herida estrega en mí cuando camino siempre por las calles de Trujillo, tal vez vuelva la infancia perdida, los años vacacionales vividos en el Barrio El Recreo: en la calle Estete, tantos sueños sentados en el sillón ayo de los más soberbios bemoles, tantas ilusiones ídas.

Allí están los desayunos dormidos, los panes dulces y las aceitunas secas con cebollas que tanto le gustaban a mi tía Luzmila, sus dormidas manos, explorando ternura y tremenda humanidad.

Después, amistado otra vez con la fatalidad de los ofendidos, quién hubiera pensado me fui volviendo escritor de domingos. Esperaba los domingos para escribir lisuras casi sin novedad en el frente: mirándome en el espejo eterno de la adolescencia, frente al mar, o al bodegón triste que las moscas se cagaban en la sala de la casa.

Podría decir para salvarme: César Vallejo, te odio con ternura. En suma, el verbo con que escribo fue el mismo escándalo de miel de los crepúsculos. Mi generación fue parricida, es cierto. Me he puesto a roer los días. Me he puesto a recordar los días de veranos idos, tu entrar y salir, Vallejo, hermano, poeta, amigo de las tardes, siempre galoneándome de ceros a la izquierda.

Viví siempre cerca de Vallejo, aunque no niego, me alejé de él en los caminos iníciales de la escritura por quítame esta paja, por nada, César, no tenía fuerza de razón distanciarse. Uno amanece a ciegas muchas veces.

Vusco volvvver de golpe siempre a Vallejo. Tardaron siempre los lenguajes explicados entre mis parientes por el lado familar paterno: los Arteaga, los Paredes, los Urquizo, los Zavala, los Valderrama, los Delgado, los Blas, los Rodríguez, los Carranza, me hablaron siempre de tu invicto lenguaje, cautivo, libre, pálido, rojo, celeste, taciturno, bueno como el pan del burgo. Explicación: esta lágrima que brindo por la dicha de los hombres.

Viví parte de mi infancia por parajes y lares de Otuzco, Huamachuco y Santiago de Chuco. Allí en el paisaje metafísico andino pasé fugaz jugando con mis hermanas Ayda y Alicia entre vacas que comían flores. Vi como pasaban volando las vagonetas llenas del metálico -argumento- mineral de Quiruvilca. Quería volar también, libre, subido en su vagabundear, por el cielo azul serrano donde -hoy- toda esa belleza se ha perdido para siempre. Más tarde leí El Tungsteno.

Mi padre Américo me contaba, después, que le pasaba lo mismo: se acostaba niño sobre una enorme piedra milenaria, cerraba los ojos y se iba por otros mundos desprendidos de la lluvia que siempre lo despertaba.

En suma, no poseo sino para expresar en esta parte de mi vida, que explicar el testimonio del saqueo de la escalonada naturaleza, lo que es vivir libre: que se lleven todos los minerales del país los usureros pero que no se lleven la alegría de mi infancia, pensaba. Después vino la muerte del abuelo Manuel, al viejo le importaban los otoños, un oxido profundo de tristeza fue volver a su extenso comedor rural junto a Juanita, la mejor amistad admitida en esa infancia: carpintera y alfarera. Me convidó claridad esa tarde en el loco postulado de esa fonética liberteña: ¿poesía, di?.  Lección de filosofía en el cementerio de Casmiche.

Bueno, digo que Vallejo me es tan familiar como el sombrero negro en la percha de la casa trujillana, el poncho de nogal, los zapatos mineros, la bufanda. Por eso, ya universitario, más tarde fui también a mojarme por los caminos de Santiago, y aún:

Estoy cribando mis cariños más puros.
Me despedí una tarde de Santiago de Chuco, de su sabor de cañas de
Mayo del lugar, de sus choclos en la cocina a oscuras, conversando
contigo y sentado en aquel poyo cerca de la tía Julia dando vueltas en tu
casa. Te recuerdo siempre César Vallejo.

Me esperará el patio, el corredor de abajo con sus fonos y repulgos de fiesta. Y llorará en las tejas un pájaro salvaje. Mi testimonio habla de frío serrano y de un canto rural de un gallo al alba en estos versos:

Madre voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.

 Vallejo 1924.

Ponencia en

ENCUENTRO INTERNACIONAL/ CAPULÍ 6/ VALLEJO Y SU TIERRA/

TELÚRICA DE MAYO EN SANTIAGO DE CHUCO

20, 21, 22 DE MAYO, Año 2005.
 *

En el patio antiguo de la Universidad de Trujillo.

diciembre 19, 2010

LA POESÍA DE GUILLERMO FALCONÍ Y EL HABITO DE MIRAR AL HOMBRE COMO INSECTO EN EL DEVENIR HISTÓRICO

LA POESÍA DE GUILLERMO FALCONÍ Y EL HÁBITO DE MIRAR AL HOMBRE COMO INSECTO EN EL DEVENIR HISTÓRICO



Por Armando Arteaga


Foto: Ana María Chagra. Armando Arteaga y Guillermo Falconí: "Cazando la noche" en Canta.

Desde los tiempos del filósofo francés Augusto Comte el estudio de lo social para analizar los fenómenos que accionan el avance de la sociedad se ha sustentado en la sociología como el centro principal del acontecimiento de lo científico-social: desde el estudio teológico hasta el estudio metafísico, en lo sucesivo. Comte aportó el estudio positivista: “los hombres buscarían leyes sociales científicas de la vida social y serían capaces de guiar su destino en términos de las leyes descubiertas y verificadas”. Lo social empezó a ser determinado como una filosofía de la historia, en un intento de explicar las leyes del desarrollo biológico del hombre y aún la adaptación de nuevos conceptos de la biología hacia la sociedad. Para los evolucionistas “lo social” es un “proceso”. La sociedad es un ente orgánico y funciona así. Se pueden explicar los procesos sociales mirando la vida de lo animal sin importar mucho lo imaginativo y racional del hombre. El hombre es animal puro y en muchos casos, como registra su historia, un animal compulsivo y peligroso, e inconsciente frente a su propia conciencia histórica, socialmente hablando. Este sentir parece ser el aporte reflexivo de la “visión poética” del libro “Cazador de la noche” (Lima, Diciembre, 2009, ediciones Sol & Niebla) de Guillermo Falconí (Canta, 1950).

Guillermo Falconí mira nuestra historia actual con una mirada de entomólogo desde su propio discurso “social”, “político” y “poético”, enfrentando el proceso de socialización indicado, del hombre contemporáneo,dentro del esquema también de la antropología cultural. El hombre “cazador de imágenes” desde la noche de la historia tiene en lo “mitológico” un potencial imaginativo para su propio “desarrollo cultural”. Narrador de historias, cazador de imágenes, o poeta, debe dar testimonio de su paso por la historia, debe hacer siempre un inventario de su vida. Guillermo Falconí, cazador “nómada” o “sedentario” de la sociedad moderna, se ha propuesto seguir cazando imágenes poéticas en sus “textos” literarios como un diestro campesino espanta luciérnagas en el infinito de la noche o atrapa “estrellas móviles” en el cielo serrano. Falconí, en “Cazador de la noche”, ha expresado las propias inquietudes de algunos maestros como George Simmel, o Max Weber, o Leopold von Wiese, o Emile Durkheim, o Hobhouse, para citar algunos “pocos” alucinados, capaces de incendiar la pradera “cultural” desde su propia visión de la historia humana (como acontecimiento nefasto).

La conciencia de lo mirado y la travesía de la experiencia social vivida que se refleja en la escritura, denota la inminencia de cierta lucidez para observar la historia. Es cierto, no es tampoco, un “Informe para una academia”, algo kafkiano. Es más bien, un esfuerzo para entablar un dialogo. Hurgar en lo histérico de lo histórico para atrapar el eslabón del discurso histórico del horror y del error humano. Eso es lo que aporta la poesía de Guillermo Falconí. La palabra mirándose en su propio espejo, como en “La Mirada” del venezolano Guillermo Sucre, nos deja una “summa” de visiones para ser rechazadas o aceptadas -a regaña dientes-en la memoria de sus atentos y escardados lectores a quienes hieren los desastres sociales e históricos. Renace en estas imágenes el fulgor de una poesía hecha para volver a la contemplación de la naturaleza de las cosas, para recobrar el instante del pasado: encontrar cada una de las heridas narcisistas de toda una generación (la del 70) donde navega el poeta. Guillermo Falconí, poeta setentero, provinciano (pero metropolitano), nacido en Canta (la sierra de Lima), pero que, participó activamente en la acción callejera y poética del centro de Lima, y militó en la movida contestataria de la contra-cultura de los poetas urbanos “antiestablisment” del final del Siglo XX.

"Cazador de la noche", libro surrealista.

Guillermo Falconí vuelve, para removernos todos los escombros históricos acumulados de este siglo del cambalache. Es uno de los poetas: llegando tarde a publicar en los horarios actuales, aunque estuvo desde muy temprano con nosotros al empezar la década del setenta. Estudió antropología en San Marcos. Falconí, acaba de reunir algunos de sus inhallables poemas que fueron publicados en las revistas locales desde la década del setenta en este libro llamado “Cazador de la noche”. Ha regresado, con su poesía, casi en el último adiós de la Generación del 70, cuyos integrantes ya están en la madurez de sus hazañas literarios. El poeta Jorge Pimentel abre el libro con un poema “recordando al agitado ángel”, empujando las puertas del activismo literario, de entonces, cuando éramos “poetas de Café”, recordando El Cordano. Y, Falconí, ha regresado, para ser, tal vez, en este todavía adiós proteico, el último mohicano que apague la luz de esa casa ilusoria de ciertas “iluminaciones” pasando por el infierno de nuestra conciencia social. Es un provocador –todavía- que quiere despertarnos con bruma inconsciente, incluyendo al vecindario, para fregarnos la onda de viejos infalibles. Falconí tiene una ventaja para mirar desde la poesía el suceso histórico diferente, tiene la instrumentación científica y técnica de la antropología, aunque le pone el lado sentimental y emocional de ser el veedor precavido de lo eugenésico de nuestra especie, présbita para horrorizarse con las desfachateces de la estupidez humana, y para tener también su propia versión de las cosas.

La poesía de Falconí es heredera de la tradición de los mayores aportes de la poesía norteamericana: Roethke, Bishop, Rukeyser, Schwartz, Shapiro, Viereck, Nemerov, Wilber, Levertov, donde aveces el poema se escribe de manera irracional, hasta hacerse un “texto” de carácter surreal e ilógico, aparentemente, donde se puede leer o encontrar otros contextos culturales, otros códigos y otras significaciones, autónomas y tipologías claras del concepto extremo de la libertad creadora, de una escritura cuasi automática, siempre cerca del verso proyectivo experimental que impulsó Charles Olson, precursor de los beatniks y de toda esta nueva poesía moderna que impuso la fuerza de la imagen en lo poético.
Foto: Armand. Guillermo Falconí: Poeta de la Generación del 70.

Sabemos que la crítica literaria en nuestro medio se halla mediatizada, colabora con la distorsión que le conviene al sistema. En nuestro país la ausencia de una posición crítica y la transformación de esta en una disparatada charlatanería periodística, que solo asume el contraste: o la diatriba, o la desmesurada franela, a cargo de personajes literarios que fuguen de promotores literarios de editoriales y vendedores de libros, han sembrado la mediocridad en nuestro panorama literario actual. Esta situación innoble no permite ver con objetividad el suceso literario independiente, libre de perjuicios y de resueltos intereses, que nada tienen que ver con la poesía y la literatura, impidiendo tener claridad objetiva respecto al nivel valorativo de cualquier escritor.

Lo ideológico, también pesa, impidiendo una sinceridad diáfana ante la obra literaria. Tal ha sido el caso, para impedir ver calidad literaria en el prestigio literario de varios poetas de la Generación del 70 como Guillermo Falconí, Ugo Carrillo, Juan Carlos Lázaro, Oscar Aragón, Luis La Hoz, Patricia Saldarriaga, Inés Cook, Abelardo Sánchez León, Mario Montalbetti, Bernardo Álvarez, Walter Márquez, Omar Aramayo, Sigfredo Burneo, Eduardo Ninamango, Juan Félix Cortés, José Enrique Briceño Berrú, Boris Espezúa, Cesáreo Martínez, Jorge Roncal, Nicolás Matayoshi, Gonzalo Espino, Cromwell Jara, Vladimir Herrera, José Luis Ayala, Otilia Navarrete, Gaspare Alagna, Luís Alberto Castillo, y Fredy Roncalla, entre otros, poetas de gran nivel con obras consagradas que casi nunca son tomados en cuenta  ni estudiadas con el debido respeto, disturbando el verdadero proceso literario de esta poesía del setenta, apareciendo versus otros poetas de obras raquíticas, endebles, sosas y mojigatas, como parte de una versión oficial, sin tener en cuenta la aptitud cuestionadora de esta poesía frente a los valores confusos que le deparan al individuo como ser social.

De esa dura adversidad, Guillermo Falconí levanta su propia mirada para volver la vista atrás del tiempo vivido, sin el temor de convertirse en estatua. Falconí pertenece a esa estirpe de poetas que toda realidad la ve desde lo dialectico, desde el sentimiento critico de la observación despiadada de los seres humanos y las cosas de la vida, sometiéndolos al devenir de la historia. Muy bien, para él, se cayó el Muro de Berlín, pero allí está su testimonio de lucha contra todas las taras e idioteces que impone este capitalismo devorador y estúpido, lo mismo contra el totalitarismo stalinilista, burocrático que impidió el verdadero desarrollo de la libertad creadora de los desposeídos, para llegar a un nivel de vida donde se respete la critica, la discrepancia, la diferencia, y el aporte nuevo de la creación: asuntos que todavía no han sido superados a pesar de que la guerra fría ya pasó.

Con una visión de entomólogo, Falconí ve a los seres humanos como insectos. Empieza su viaje por la historia como testimonio en el embrollo bélico de Afganistán donde contrastan: “los peces y los barcos que naufragan”. Bangladesh, es otra parte de este atropello contra la ecuanimidad de la humanidad: “donde un viejo busca fortuna en el fondo del mar”. Hace un rescate de lo rural, indagando en la belleza de la naturaleza misma, a la manera de Robert Frost: “contempla los arroyos y se cubren de blanco las cascadas”. El mito del vacío existencial en la selva de la vida del poeta también es asumido, simplemente el poeta acepta su vida exagerada: “Ahora estoy agitado”, expresa. Dos poemas de gran fábrica expresan la madurez, pero también la manera surreal de enfrentar la realidad: “Un caracol en la niebla” y “Tarde de perros”, son poemas que convocan la fiebre interior que padece el poeta frente a su tiempo vivido, ante la historia que mueve los trotes humanos. Falconí no parece haber perdido el humor, para ser irónico frente a la posición soluble y solvente desde la izquierda, al recordarnos que por boca del viejo Karl Marx: “El hombre es un ser genérico”. El poeta, como ser social, no le teme ni siquiera a “Las puertas de la nada” donde va sediento de “rock and roll” y de verano asfixiante donde aspira a beber el jerez mediterráneo. El amor, tiene varias paradojas y parajes, tropezándose y citando a G. Bataille, a Borges, a Kafka, a Pound, a Artaud, asume la vocación libertaria del poeta excelso, su militancia para con la vida libre y la belleza de las cosas: “La construcción de diferentes tonos en la memoria”. Lo cierto que este “Cazador de la noche”, nos pone frente a la historia con su poesía recordada, por momentos llena de escenarios oníricos donde todo es posible, a lo Fellini, a lo De Sica, a lo Visconti. Su “Luna temprana”, con la que siempre han soñado los verdaderos poetas, extraviándonos en un indescifrable bosque de versos barrocos y neo-realistas.

Salve, poeta Guillermo, después de leer tu libro, también “Golopa mi corazón en la cerveza: On the black magic woman…” La memoria, también, se me deshoja en el espacio literario de la vida. Mirando las estrellas que traerán también los grandes pronósticos de los “pobres diablos” del mundo en las fiestas andinas del futuro que todavía nos esperan. Eres el penúltimo surrealista de nuestra generación. Los hombres como los poemas son los cadáveres exquisitos de la historia.

Foto: Ana María Chagra. Guillermo "Zorro"  Falconí: ¿De dónde son los canteños?.

diciembre 17, 2010

HOMENAJE AL CENTENARIO DEL POETA LUIS NIETO MIRANDA


ENCUENTROS ARGUEDIANOS Y LA DERRAMA MAGISTERIAL, PRESENTAN: HOMENAJE AL CENTENARIO DEL POETA LUIS NIETO MIRANDA-LUNES 20 DIC 7 PM


 ENCUENTROS ARGUEDIANOS Y LA DERRAMA MAGISTERIAL

PRESENTAN:


HOMENAJE AL CENTENARIO DEL POETA

LUIS NIETO MIRANDA


PROGRAMA:

1. La poesía de Luis Nieto Miranda: Hildebrando Pérez Grande

2. Presentación de la revista Arteidea: Oswaldo Reynoso y José Luis Ayala

3. Lectura de Poesía: Julio Nelson, Armando Arteaga, Jorge Luis Roncal, Ernesto Montero

4. Testimonio de Virgilio Roel Pineda

5. Declamación de poemas de Luis Nieto Miranda, por Ricardo Elías Roselló

6. Entrega de óleo/ retrato de Luis Nieto Miranda, por Bruno Portuguez

7. Expresión artística: Jaime Guardia, Julio Humala, Jesús Palomino, Leo Casas, Margot Palomino, Piero Bustos, Los Heraldos Negros, Los Torres, Conjunto de Zampoñas de San Marcos.

LUNES 20 DE DICIEMBRE - 7 PM
AUDITORIO DE LA DERRAMA MAGISTERIAL
 Gregorio Escobedo 598 - Jesús María

INGRESO LIBRE



diciembre 11, 2010

JUSTINO MIGUEL RAMÌREZ Y LA LITERATURA HUANCABAMBINA / ARMANDO ARTEAGA

LA LITERATURA EN PIURA

EL PADRE JUSTINO MIGUEL RAMÍREZ Y LA LITERATURA HUANCABAMBINA

Por Armando Arteaga


  Padre Justino Ramírez


Los pueblos -remotos y originarios-, para ser respetados y considerados en los estudios de una realidad histórica concreta(que caracteriza cada una de sus expresiones literarias), tienen que tener siempre una continuidad literaria. Para Georg Lukács: la naturaleza popular de la literatura significa la continuación de la tradición cultural.

La critica reciente, ha notado un singular interés en la producción literaria hacia las más diversas comunidades lingüísticas y culturales (internas) de una región de campo ampliado, que ante el rigor académico cesionario con el centro del poder, no tenía en cuenta las pequeñas y diversas expresiones localistas, ignorando las sobresalientes literaturas regionales.

Una literatura regional es interesante cuando tiene obras literarias de interés universal que mostrar. El caso de Piura, es de tomar en cuenta, tiene dos partes segmentadas muy claras: el mundo de la costa y el mundo de la sierra. Piura muchas veces le ha dado las espaldas a las expresiones literarias de sus serranías: Ayabaca y Huancabamba. Ha sido egocéntrica con su mirada costeña, propinándose un duro perjuicio social.

Un caso de perseverancia es la constancia por publicar sus obras literarias de los escritores huancabambinos. Huancabamba tiene una literatura importante desde lo arqueológico, lo sociológico y lo histórico. Ese pedazo de tierra serrana que se llama Huancabamba también ha realizado su aporte hacia la literatura nacional con gran fascinación imaginativa, probatoria de su vieja raigambre y de su identidad campesina maravillosa. Huancabamba, la tierra que se mueve, ha caminado con éxito por los predios literarios.

Yo creo que, inicia esta apertura hacia la literatura huancabambina este poeta llamado Pedro Elera Molina que sucumbió con su perniciosa ceguera en Lima, pero que nos dejo dos poemas fascinantes, dignos de antologías: “A una estrella” y “Huancabamba”, el primero de una visión planetaria y crepuscular, y el otro, de enorme contenido cívico y amical para con el terruño. Elera es aún un poeta poco conocido y leído en la región, apenas tuvo el reconocimiento literario en la “Breve Antología de Poetas Piuranos” (Piura, 1950) de Carlos Robles Rázuri, y también Edmundo Cornejo Ubillús incluye su poema “Huancabamba” en el “Calendario Cívico Cultural de la Provincia de Huancabamba (Lima, 1991).

José Eulogio Garrido Espinoza, Huancabamba (1888-1967). Perteneció al Grupo Norte. Carleton Beals en “Fuego sobre los andes” lo describe como un personaje mítico cuando vivía en Trujillo, ciudad a la que llamó “cementerio de hacendados”. Garrido hizo bohemia con Vallejo. Publicó “Carbunclos”, un estupendo libro de prosa y narrativa donde Garrido se explaya como un gran escritor, y “Visiones de Chan” (Trujillo, 1981), un libro póstumo de poemas donde puede apreciarse sus atributos de un excelente poeta.

Néstor S. Martos, Huancabamba (1904-1973). Profesor, periodista y escritor. Publicó varios libros, entre ellos un “Homenaje a Ignacio Merino”, “La ciudad volante”, y las novelas “El cheque falso” (19439 y “El correo de la Gasca” (1965). Llegó a ser director del diario “La Industria”,como escritor vanguardista, celebramos su cuento “¿Y si la tierra cesara de rotar?”, texto de ciencia-ficción publicado en la revista “Jarana” (Lima, 31-09-1927. / N- 1). José Estrada Morales en su libro “Néstor Martos, aproximación a su vida y a su obra” le ha dedicado varias páginas brillantes a la semblanza de este escritor. Profesor en el Colegio “Ignacio de Loyola” y en el “San Miguel” donde entre sus alumnos de Historia estuvo Mario Vargas Llosa. Vargas Llosa nos ha dejado para nuestra memoria su imagen perdurable de maestro en un episodio de la novela “Lituma en los Andes” (“la historia vista en tecnicolor contada por Martos”), y otra de hábitos y costumbres en “El pez en el agua”: “Teníamos también un excelente profesor de Historia, Néstor Martos,que escribía a diario en “El Tiempo” una columna titulada “Voto en contra” sobre temas locales. El profesor Martos, de figura desgarbada, bohemio impenitente, que parecía llegar a clases, a veces, directamente de alguna cantinilla donde había pasado la noche entera tomando chicha, despeinado, barbicrecido, y con una bufanda cubriéndose media cara -¡una bufanda en la tórrida Piura!-, en la clase se transformaba en un expositor apolíneo, un pintor de frescos de los periodos preincaico e incaico de la historia americana. Yo lo escuchaba embelesado y me sentí un pavo real una mañana, en aquella clase en la que, sin mencionarme, se dedicó a enumerar todos los argumentos por los que ningún peruano de casta podía ser un “hispanista” ni elogiar a España (que era lo que había hecho yo, ese día, en mi columna de “La Industria”, con motivo de la visita a Piura del embajador de ese país). Uno de sus argumentos era: ¿se dignó algún monarca, en los trescientos años de colonia, visitar las posesiones americanas del imperio español?”.

 Padre Justino Ramírez: Arriba a la derecha.

El padre Justino Miguel Ramírez, Huancabamba (1907-1986). Sacerdote y escritor. Es el abanderado del costumbrismo literario piurano, despertó desde sus inicios literarios un inusitado interés por antropológico y el folklore de Huancabamba. Publicó obras como la novela “La atrapadora. Los Alcaldes de Juego de Sondorillo” (Lima, 1958); “Cuentos de Don Miguel“(Lima, 1963); “Huancabamba, su Historia, su Geografía, su Folklore (Lima, 1966), que es la monografía de la provincia; y “Acuarelas Huancabambinas, Vol. II (Piura, 1970), donde reúne escenas literarias de “Danzas, Fiestas y Brujerías”. Su aporte literario reúne: amor al terruño, veneración a su padre y religiosidad cristiana.

Alfonso Vásquez Arrieta, Canchaque (1912-1976). Abogado, periodista, escritor y poeta. Publicó “Estancias de la voz”, “Reflejos de la sombra”, “Dialogo contigo”, y “Orquídea y teoría del deshielo” (Poesía).

Edmundo Cornejo Ubillús, escritor, y periodista huancabambino. Publicó “Paisana” (Lima,1961): ocho cuentos de estirpe costumbrista; la revista “Rumitana” (1958-1961) para divulgar el folklore y los valores del pueblo de Huancabamba; y la selección y prólogo de una singular antología “Páginas literarias de J.C. Mariátegui” (Lima, 1985).

Armando Rojas Adrianzén, Huancabamba (1945-1986). Diplomático, profesor universitario y poeta. Realizó estudios de Literatura Hispanoamericana en San Marcos. Compartió con Javier Sologuren, y Ricardo Silva Santisteban la edición de la revista “Creación y Crítica”. Publicó “Bosques” (Lima, 1973); “S&Q” (Lima, 1979), “El sol en el espejo” (1983). En Paris integraba el comité de redacción de la revista literaria “Alta Forte” donde murió.

Miguel Segundo Ciccia Vásquez, nació en Canchaque  18-04- 1946, compositor de música popular,  autor del valse “Rosal Viviente”. Publicó el libro titulado ¨Mi amigo camión¨, donde recoge las experiencias y anécdotas de los camioneros  como verdaderos actores vivientes de las autopistas,  donde resaltó  su espíritu emprendedor y provinciano.  Falleció el 23-06-2006 cuando destacaba como prospero empresario del trasporte urbano nacional e internacional.

Dimas Arrieta Espinoza, n. en El Faique (1964). Profesor universitario, narrador y poeta. Publicó en poesía: “Concierto de la memoria” (1987); “Orientación de las señales” (1991). En narrativa: “Camino a las Huaringas” (1993) y “En el reino de los Guayacundos (2003).

Huancabamba, viene desde la noche de la historia, es “cultura viva” de la región Piura, queda aún, hurgar en su pasado tal como Alfonso Vásquez Arrieta en su ensayo “El Inca Túpac Yupanqui y la incorporación de Huancabamba y Ayabaca al Imperio del Tahuantinsuyo”; queda aún, soñar con su futuro, y en eso siempre puede ayudar la literatura y sus escritores.


Conferencia en el Club Provincial Huancabamba (San Miguel-Lima) el 11 de diciembre del 2010.

diciembre 07, 2010

IMAN DE IMAGENES / ARMANDO ARTEAGA

IMAN DE IMÁGENES *


Por Armando Arteaga

Imagen: Armand.

Uno cree descubrir a veces en el reflejo opaco -con cierto aburrimiento- de la ventana del hotel Collage en donde habito por estos días, ese rostro de hembra que nos trae el cinema anunciado por las utopías gráficas que llevan de cuando en cuando los objetos que se mueven, un neón de Canada Dry, Lufthansa, la congestión de un tránsito de formas marginales, un mensaje que alguien dejó en la pared “por aquí pasaron Grimanesa y Paola. Por Paola pasamos todos”; luego los centros de decisiones: smog, basura el sonido de la ducha que jode tó la noche, una adopta una posición, el agua, los espejos:

Pakistán queda lejos de Bolivia. Incoherencias del hombre, la esposa hermosa: Ali Bhuto en la horca, si el muerto levantara la cabeza, y Banzer de candidato a la presidencia,  ¿no puede ser?, y luego el taxi que transporta alguna imagen recurrente del sistema establecido: el nuevo nombre de relojes y ese hijo de perra que se llama Somoza, en fin,...“hemos disfrutado de la atención del personal de Lufthansa durante todo el viaje”. Todo se mueve en este caos urbano, esta asfixia. río de imágenes, la sociedad dual: capitalistas, proletariado, y al fondo un afiche que nos habla de un condenado a muerte en el Perú: Zanabria. La crueldad de siempre, el hombre jugando a víctima y a verdugo. Netza, población, o ghetto con chabolas, de esteras donde los niños toman el quaker en latas inservibles de cerveza. Pero en los techos que finalmente solo los gatos como yo reconocemos fácilmente: centros de decisión del quijotismo, el conformismo, la vida sigue muelle, un colchón destartalado, una llanta de tractor, una flecha, ¿signos de qué conceptos? y eso lugares comunes que nos trae nuestra propia actividad de militantes clandestinos y que en estos días, siempre, ocupan a lo largo de las horas, la violencia de las horas, las semanas o tímidamente el ojo de la lectura veloz por librerías: Regís Debray, André Malraux y un film de Buñuel. Probablemente hice algún ruido, pues el hombre que iba durmiendo a mi costado enderezó la cabeza y quedó mirándome perplejo como si me hubiera adivinado el pensamiento: ...estamos volando sobre Nicaragua, mire yo no soy comunista pero a ese hijo ‘e’ perra de Tachito lo parió una rata, e hizo el gesto triunfal de los Black Panters. El gesto lo interprete como algo solidario, aunque se que el era un liberal burgués, se le veía en los ojos, pero le daba asco recepcionar imágenes esa mañana de (puta o pura) casualidad en el aeropuerto de Managua.


*Publicado en la revista Penélope N- 3 (Lima, Julio 19, 1979) firmado con el seudónimo de Denis López.


diciembre 06, 2010

BOLETO DE REGRESO / ARMANDO ARTEAGA

BOLETO DE REGRESO

Por Armando Arteaga



El hombre que apareció en la puerta del Versalles -ese café de los portales de la Plaza San Martín- tenía una corbata Pierre Cardin y un terno de El Corte Inglés, cosa rara en el 1975 de esta tres veces coronada villa. El recién llegado de la corbata Pierre Cardin y olor Paco Rabanne (pour homme) se veía que venía del extranjero, no sólo por los signos exteriores para nuestro ámbito tropical, sino porque en verdad era un recién aterrizado, de esos que se ven agitados y extraños en los aeropuertos. El hombre del terno de El Corte Ing1és se acercó a la mesa más concurrida esa noche de viernes, de fin de semana.

- Son ustedes poetas, ya veo -exclamó-.

Jaló una silla y se sentó sin que nadie de la mesa lo invitase. Los de la mesa más concurrida siguieron hablando como si no hubiese ocurrido nada. El hombre de la corbata se integró fácilmente al grupo. Luego de diez minutos de discusión sobre el “ello freudiano con corbata en el cinema de lo cotidiano”, uno de los poetas que había entablado conversación a media voz, por estar ubicado a su costado, se animó a presentarlo al grupo en tono alto de voz, haciendo énfasis en aquel verso de Nicanor Parra: “hoy es un día azul de primavera, creo que moriré de poesía”.

Para involucrar al recién llegado, le preguntó, como para que todos oyéramos la identidad del intruso, algo extravagante, de aquel distinguido personaje de esa noche.

- ¿Así que usted viene desde México?.

- Así es. Aunque vivo en España, vengo ahora de México, asintió, solemnemente, con elegancia de hábil intruso que se confiesa rápidamente. Insistió en tono de broma: He regresado al Perú a conspirar.

- Aquí todos somos conspiradores -respondió otra voz-.

- Ya sé, dijo el hombre de la corbata, todos ustedes tienen “spleen” de poetas malditos. El hombre de la corbata, se apoderó entonces del timón de la conversación y quedó como único expositor de la mesa. Todos los demás asistieron en silencio.

Pidió whisky Glen Elgin, o si quieren vodka Smirnoff, para ser democráticos, insistió.

Siempre con los yankies y también con el oro de Moscú. Hubo risas. Algunos de los poetas pidieron whisky y otros, no sé si por discrepancia, vodka, más cigarros. Hubo varias ruedas.

El hombre de la corbata era un escritor nostálgico, ilusionado por la credencial literaria, aquí chupaba con J. R. Ribeyro, aquí, como ustedes, perdí parte de mi juventud, hasta que Odría me deportó.

Era la primera vez que estaba frente a un silencioso escritor que volvía desencantado del exilio. La música de este pasado a veces vuelve como respuesta de papagayo, y que, por Dios, aunque así sea, solamente, que nunca más el fantasma de la dictadura asuste a esta joven democracia.

Del libro ¨Cuentos de cortometraje¨.

diciembre 05, 2010

HOMENAJE AL PADRE JUSTINO RAMÌREZ ADRIANZÉN EN EL CLUB HUANCABAMBA

CENTRO SOCIAL Y CULTURAL PROVINCIA DE HUANCABAMBA
Av. Alfonso Ugarte 130 
SAN MIGUEL


diciembre 03, 2010

SUEÑO DE LA MARIPOSA/ CHUANG TZU

SUEÑO DE LA MARIPOSA/ CHUANG TZU

*CHUANG TZU, filósofo chino, de la escuela taoísta, vivió en el siglo cuarto y tercero antes de Cristo. De su obra, que abunda en alegorías y en anécdotas, sólo nos quedan treinta y tres capítulos. Hay versiones inglesas de Giles y de Legge; alemana, de Wilhelm.


Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.



Foto: Armand.

*Del libro de CHUANG TZU (300 A.C.)